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Estas son las hojas del Códice correspondientes a la Historia de los Centinelas según se cuenta en Doom Eternal.

Exultia

Traducción del "Ligra Sultagenta" (Libro de los Reyes)

Grande es la traición que surge de los oscuros rincones de nuestro yo, impulsada por la codicia y el deseo; los sacerdotes Deag me engañaron. Llegaron al norte conmigo como aliados en nuestra causa contra la Khan Maykr y sus viles métodos. Con sus lenguas de seda, trazaron un plan para nosotros y plantaron la semilla del deseo de un triunfo rápido. Nos aseguraron que la fuente del poder de los Maykr estaba en el reino demoníaco: una vasta fundición donde se arrojan las almas al fuego para extraerles la Esencia. Si destruíamos la fundición, nos aseguraron, la victoria estaba garantizada; y en nuestra gran necedad, en mi gran necedad, di crédito a sus embustes.

Decidimos enviar al Doom Slayer y a los Centinelas de la Noche a destruir la fundición, y los sacerdotes abrieron un portal hacia allí. Cuando el último de nuestras veteranos, nuestra última esperanza para recuperar lo que legítimamente nos pertenece, hubo entrado en el imperio de los demonios, los Deag cerraron el portal y los dejaron allí atrapados, perdidos en el vacío eterno por culpa de su traición.

¿Cómo no pude ver lo que pretendían? ¿Acaso me cegó el dolor por la pérdida de Taras Nabad? ¿De mi pueblo?

Huimos de nuevo, sin más que una legión de los Centinelas de la Noche para protegemos. Los Deag regresaron con su señora. Que las apariciones me perdonen por mi fracaso.

DE El Lobo

El Lobo

Las leyendas de los Argenta hablan de bestias de los Centinelas, criaturas leales que vivían como compañeras de los curtidos guerreros. Estos animales, de ordinario más grandes, rápidos y fuertes que otros de su especie, compartían una especie de instinto con sus amos, a los que ayudaban en el campo de batalla.

Los Centinelas de la Noche nunca revelaron su origen, pues solo se consideraban a sí mismos dignos de ellas.

Rey Novik

El rey Novik gobernó Sentinel Prime durante muchos años como patriarca guerrero y protector designado de los mundos soberanos de los Centinelas. Para este pueblo, definido por un legado bélico, solo los miembros de la casta de los guerreros eran dignos de gobernar, y, en tiempos de guerra, el monarca debía mandar desde el campo de batalla y no desde la seguridad de la sala del trono. Conforme a la ley Centinela, un rey incapaz de luchar no podía gobernar.

Durante milenios, el pueblo de los Centinelas ha defendido su civilización contra la amenaza de invasión de bestias y humanos, y, al transmitir la antorcha de este deber a cada generación, ha ido refinando el oficio de las armas hasta convertirlo en un arte de insuperable perfección. Los Centinelas de la noche permanecen vigilantes incluso en tiempos de paz, desarrollando nuevas tecnologías de conquista que les permitan consolidar su dominio a lo largo y ancho de los mundos soberanos.

El traidor

Tras años de interminable guerra contra la amenaza demoniaca que había invadido su mundo, Argent D'Nur lanzó una ofensiva transdimensional y envió sus mayores guerreros al corazón del mismo Infierno. A pesar de su entrenamiento y su preparación, serian presa del engaño. Una traición cometida en el máximo nivel de la cadena de mando dejó aislados y dispersos en las tierras infernales a los más valientes guerreros de Argent D'Nur.

Pero entre estos últimos Centinelas de la noche, solo uno permaneció en el infierno por decisión propia. El comandante Valen, traidor de los Argenta, fue el que entregó las llaves del Sepulcro de los Elementos a cambio de la resurrección de su hijo. Atormentado por visiones en las que era torturado, los susurros de los demonios lo empujaron poco a poco hacia la locura y, en un momento de debilidad, sucumbió a sus artimañas y condenó el reino que había jurado proteger. Por este sacrilegio. Valen optó por exiliase en las tierras infernales.

La Fortaleza del Destino

La Fortaleza del Destino es un puesto de mando utilizado por los Centinelas en sus operaciones militares. La datación por ESR sugiere que se construyó durante el reinado de Danak, y los análisis espectrales de la energía Centinela que alimenta sus diferentes sistemas confirman este cálculo.

Aunque el diseño de su estructura de roca y metal es indudablemente Argenta, los subsistemas del castillo (navegación, centrifugado gravitatorio, soporte vital) son de origen Maykr, lo que sugiere que las dos especies pudieron colaborar en el diseño. Cabe señalar la ausencia de sistema de propulsión, superfluo en un vehículo como este. La fortaleza manipula el espacio por medio de un proceso desconocido que utiliza energía Centinela.

Sin embargo, no hay ningún indicio de que los sistemas se diseñaran para ser utilizados por los Maykr. Las pasillos, paneles de control y zonas habitables están adaptados a las dimensiones de los Argenta, así que cabe concluir que la gigantesca estructura bélica se creó exclusivamente para esta raza, como una especie de estación insignia de las fuerzas de las Centinelas de la noche. Sabemos a ciencia cierta que estos visitaron muchos mundos habitados de su cuadrante local (aunque aún se están investigando las dimensiones de su imperio), y es muy probable que la fortaleza sea lo que queda de una flota mucho más grande.

El diseño de la estructura sugiere que se usaba como puesto de mando en misiones de exploración galáctica para los Centinelas de la noche y que sus tropas bajarían a tierra al llegar a su destino por otros medios, bien usando naves más pequeñas, bien por medio de portales del Continuum. El viaje dimensional se menciona en varios textos de los Argenta y se cree que fue uno de los muchos avances tecnológicos que llevaron los Maykr a Argent D'Nur, aunque aún se desconocen los fundamentos concretos de esta tecnología.

La ciudad perdida de Hebeth

En la larga y azarosa historia de la civilización de los Centinelas, hay momentos que quedaron enterrados en el tiempo, capítulos olvidados que, desconocidos por los historiadores Centinelas, aguardan a ser desenterrados algún día. La ciudad caída de Hebeth es uno de ellos, pues apenas ha dejado rastro en los volúmenes de su pueblo. Esta próspera ciudad portuaria —una orgullosa y rutilante marca de conquista para los miembros de la tribu de Bethia, de los lejanos mundos exteriores— unió entre si las distantes ciudades Centinelas al inventar los portales de teletransporte. Pero su destino no era perdurar perdida como otras muchas en las cruzadas del pasado de los Centinelas, no queda de ella más que un montón de ruinas que se tragó el polvo del antaño habitable Marte.

Sentinel Prime

La arena ancestral es un lugar sagrado para el pueblo de Argent D'Nur. Este Coliseo, levantado en los primeros tiempos de su historia, era el escenario donde se dirimían las ordalías. Según los registros históricos, el pueblo de los Argenta no encarcelaba a los suyos; en su lugar, daban a los reos y prisioneros la posibilidad de redimirse y recuperar su posición luchando en la arena. A quienes vencían se les permitía luchar en primera línea del ejército de los Centinelas y morir al servido de Argent D'Nur.

Esta tradición ha caído en desuso desde la asimilación del Reino Oscuro. Ahora los sacerdotes corruptos organizan espectáculos más violentos, donde se enfrentan demonios y prisioneros armados por deporte.

Los sacerdotes de la Orden de los Deag siguen ostentando un poder absoluto sobre Argent D'Nur. A quien derrama la sangre de la clase que ascendió con el Argent se le castiga con el exilio, y quien se niegue a aceptar las reglas del combate no podrá encontrar asilo entre ellos.

Taras Nabad

La ciudad de Taras Nabad era la joya de la corona de Argent D'Nur. Durante siglos sirvió como corazón espiritual de la sociedad Argenta, hogar de la familia real y centro de toda su poder político. No se escatimaron gastos en la construcción de la ciudad, caracterizada por una arquitectura de audaces columnatas y colosales templos en honor a reyes y dioses en todas las avenidas. Los Argenta de las zonas rurales afluían en peregrinación a los templos Maykr de Taras Nabad.

La ciudad fue el centro de una gigantesca invasión demoníaca y, aunque esta fue repelida, el ataque cambió para siempre la sociedad de Argenta.

La Máquina de Divinidad

DE MaqDivinidad

En el interior de la infinita matriz de consciencia de la omnisciente mente-Dios de los Maykr existe cada potencialidad, cada variable predecible de una pasible línea temporal futura, conocida para el colectivo Maykr con omnisciente e inextricable claridad.

La mente-Dios analiza estas líneas temporales, asiste a su formación y ve cómo se expanden exponencialmente como patrones fractales en el tejido de la existencia. Entre todas estas posibilidades infinitas solo aparece una constante, ajena al flujo de datos de interminable variabilidad: el Destructor profetizado, el que desencadenará la caída de los Maykr.

Historia de los Centinelas

  • Traducción del "Ligra Sultagenta" (Libro de los Reyes)

Parte I

DE HistCentinelas P01

Mucho antes de que hablara el primer hombre, un inmenso fragmento de roca y metal cayó al mundo desde los cielos. Las truenos y cataclismos estremecieron la tierra mientras las cielos se abrían, desgarrados. La Lanza Cósmica excavó un agujero en nuestra tierra mortal, de polo a polo, desde los fríos páramos de las llanuras del Umbral a las fétidas ciénagas del Colmillo de Acero. Se abrió el Vientre del Mundo y de su interior surgieron las apariciones elementales, los Primogénitos. Ardientes de impaciencia, ascendieron a los cielos. En su exultación, trajeron vitalidad a la tierra, que despertó de un eterno sueño allí donde se pasaba su aliento. Unas bestias feroces y una biosfera implacable surgieron a la estela de su sombra mientras el Canto de las Apariciones se extendía de un lado a otro de Argent D'Nur.

Primero llegaron los ancestrales, criaturas salvajes fortalecidas por la magia de las Apariciones. Crecieron hasta alcanzar gran altura y, convertidos en colosos de poder inmenso, lucharon entre sí durante años incontables. Sus batallas arrasaron la tierra y acabaron con todo aquello que se encontraba a su paso. El Canto de las Apariciones siguió propagándose por la tierra y el poder de su aliento dotó de forma a nuestras almas: así fue como salimos los Argenta de las estepas.

Los Titanes se cernieron sobre las tribus de sangre salvaje, pero descubrieron que no se acobardaban. Descubrimos el Secreto de la Espada y, en las tinieblas de las candentes forjas de las montañas, golpeamos el acero hasta que tuvo la fuerza suficiente para destrozar el hueso y cercenar la carne.

Así fue como cobramos entidad: surgidos de la roca y el fuego, humildes al nacer pero exaltados por la fuerza de nuestra voluntad. Merced a la bendición de los Primordiales, forjamos una espada y un escudo, y llevamos el martillo a los ancestrales. Reclamamos el dominio de la creación por derecho de sangre y de magia, y así fue como sobrevino la Era del Hombre.

Cuando las bestias ancestrales fueron repelidas hasta sus yermos valles, nos alzamos en su lugar. Sembramos las tierras fértiles, criamos bestias de carga y erigimos ciudades inmensas. En el Trono de Obsidiana del Palacio Sagrado coronamos al rey Ormera, el Padre, el primero de su linaje, para que gobernase a perpetuidad. Levantamos la Catedral de la Reflexión para venerar a los Primordiales y fundamos la Orden de los Deag, cuyas sacerdotes rinden tributo a las apariciones y aplacan su hambre tempestuosa. Nuestros hijos e hijas eligieron la senda de la espada o la de la alquimia, cuyas obligaciones honran en igual medida a las dioses.

Nos regíamos por un sentido de justicia, pero esto no quiere decir que no hubiera luchas entre nosotros. Nuestras torres cayeron derribadas por tormentas y grandes terremotos, las tribus bárbaras atacaron nuestros campos en busca de los grandes dones que había prodigado la madre Argenta a nuestro mundo y la música del Canto de las Apariciones amenazó con sumir en la locura a los hombres inferiores. Nosotros no lo éramos. Defendimos lo que nos habían regalado las Primordiales, nuestras tierras y el derecho a disfrutar de sus riquezas. Repelimos a las hordas bárbaras y fortalecimos nuestra determinación. Nos alzamos sobre el fuego, con nuestros cuerpos y nuestras almas templados, con una voluntad inquebrantable forjada al calor de la batalla. Y lo que surgió de aquel crisol fue el corazón de nuestra legión, la orden de los Centinelas de la Noche.

Parte II

En el Tiempo del Dolor, cuando el Rey Etrex tomó el trono, una bendición llegó a la gente de Argent. Seres de porcelana blanca de otro mundo por encima del nuestro trajeron regalos a D'Nur. Los observadores de nuestras grandes obras, admiradores de nuestras convicciones, buscaron unir nuestras espadas y dar un orden duradero a nuestro mundo.

Eran seres diferentes a todos los que habíamos visto antes, la espada y el escudo no tenían peso contra ellos, porque la carne etérea de estos seres luminosos parecía no estar atada por la mortalidad. Capaces de moverse a través del tiempo y el espacio, mantuvieron el dominio de ofrecer todos los dominios de las dimensiones conocidas y desconocidas. Aunque sus formas nos fortalecimos, nuestra sociedad se fortaleció con su sabiduría infinita y su poder omnisciente, garantizando la seguridad de nuestros pueblos para siempre, en este mundo y en el próximo. Cuando afilamos la espada y dominamos nuestra magia, reforzaron el alma y el espíritu. La muerte ya no sería el final para nuestro pueblo. Los que llamamos Maykrs, nuestros nuevos aliados en este mundo brutal, nos han dado la seguridad en la muerte que luchamos tanto por lograr en la vida. Encontraríamos la paz eterna, y nuestras mentes descansarían tranquilas sabiendo que aquellos con quienes luchamos en la batalla se unirían a nosotros en las tierras más allá del plano mortal. La fuerza de nuestros caminos, la pureza de nuestra esencia, por la ley de Maykr nos permitiría pasar a la gran ciudad en las nubes. Allí, mujeres y niños, guerreros y parientes nos darían la bienvenida.

Adoptamos la doctrina sagrada de los Maykrs, dotados a cambio del cambio para obtener el descanso eterno para nuestras almas inmortales en el bendito Urdak. El pacto que celebramos ahora bajo el abrazo de nuestros nuevos Dioses fomentó una paz que nunca habíamos conocido, porque eran diferentes a ustedes, los primeros, cuya presencia no ofrecía el paraíso por el miedo y la incertidumbre de la existencia en un mundo duro e implacable. El abrazo de Maykrs fue cálido y nos guió a una era de prosperidad espiritual.

Parte III

DE HistCentinelas P03

Con la máquina y el encanto de los Maykrs, el Argent trajo nuestra claridad recién descubierta a los reinos dispares del Vacío Empíreo. Tomamos vuelo con el apoyo de nuestros dioses, difundiendo la palabra iluminada de Khan Maykr. Descubrimos que no había un enemigo, sino muchos. Se descubrieron mundos y pueblos desconocidos para los Argent, y vimos nuestro propio sufrimiento reflejado en sus ojos. Nuestro ejército justo entró en batalla bajo el estandarte de los Centinelas de la noche y luchó por la libertad de todos los pueblos del alcance de aquellos que los explotarían y los atacarían. Aunque luchamos en el suelo, no en el nuestro, la sangre que derramamos en tierra extranjera salvaguardaron a Argent D'Nur y a los hijos e hijas que lo defendieron. A través de los extraños pueblos que liberamos, se formaron nuevas alianzas y nuestras creencias se hicieron propias. Nuestros ejércitos se hincharon.

Mientras el Argent atravesaba las estrellas con brillantes flotas de guerra, el Khan de los Maykrs se acercó al Rey Roan en su trono.

Sintió a su Dios inquieto por su actitud inquieta. El rey y Khan hablaron, y el dios reveló que ella había previsto un cisma en la sangre de Argent. Se requeriría una prueba a su anfitrión entre nosotros. Ella habló de un rito holt para ser realizado en el más fuerte de nuestros guerreros; solo aquellos que demostraron ser dignos serían probados, ya que la impureza podría residir en los más resistentes de nuestra legión. La Máquina de la Divinidad, un gran tributo de Maykr Scolaris, nos ayudaría a limpiar cualquier impureza de nuestro rebaño, asegurando nuestra prosperidad continua en este mundo y en el reino Maykr de Urdak.

El Oscuro aún no estaba entre ellos, ni lo estaría por muchas generaciones. Solo la Madre Dios, a través de la adivinación y la vista de Maykr, determinaría cuándo estaba delante de ellos. Los Maykrs eran verdad, y solo sus ojos despejados podían encontrar al que estaba marcado. La profecía del profano fue escrita, pero a través de los siglos, la advertencia se desvaneció hasta que solo la propia Khan Maykr y los sumos sacerdotes de la Orden Deag todavía susurraron sobre Él que algún día llegaría a amenazar su camino de luz.

Parte IV

En los tiempos del rey Novik, mientras los Argenta luchaban para asegurar la paz entre las dimensiones del espacio y el tiempo, llegó entre nosotros un extranjero. No era de nuestro mundo y hablaba una fea lengua. No se sabe cómo llegó a poner el pie en nuestras tierras. Los exploradores Centinelas lo habían encontrado ensangrentado, cubierto de arañazos y al borde de la muerte, murmurando sobre una perdición inminente y las fuerzas de las tinieblas. Lo seguía el olor de la sangre, y la que manchaba su armadura no parecía toda suya. Conforme a la ley de Argenta, se le juzgaría en el Coliseo, donde podría luchar por su libertad como todos aquellos que se desvían de la Senda.

No conocíamos a aquel ser; su mente parecía lisiada par la rabia. Vestía un atuendo que no parecía hecho para nuestras tierras y llevaba una munición de un origen arcano. Lo vimos sobreponerse a sus heridas y demostrar su valía en la Arena de Sangre. Sus técnicas eran toscas y brutales, pero la determinación que lo impulsaba al cargar era comparable a la de cualquier Centinela de sangre pura. Su grito de guerra resonó par todo el Coliseo al igual que el sonido de su furia, y los guardias vitorearan su estandarte. "Destroza y desgarra" exclamaban mientras aquella bestia sobrevivía a heridas letales y una muerte cierta.

No recibiría graduación ni título. Para las sobrevivientes de la arena solo existía una recompensa: el derecho a tener una muerte honorable llevando las enseñanzas de los Maykr a los necesitados.

Todos pudieron presenciar la determinación del extranjero, y sus desvaríos quedaron documentados, así que la Khan Maykr dijo a los Deag de la Orden que lo llevaran ante ella. Ordenó a sus servidores que aprendieran su lengua, pues con sus feas palabras hablaba de tierras nunca vistas, criaturas nacidas del fuego y un lugar sombrío desconocido por la reina o los suyos: otra oportunidad de llevar el don de los Maykr a los necesitados.

Parte V

DE HistCentinelas P05

En la víspera de la Estrella Negra, los Oscuros surgieron de un mundo situado bajo el nuestro, y no con naves o embarcaciones etéreas, sino atravesando el tejido de las dimensiones. Unos portales de llamas arremolinadas vomitaron criaturas cornudas procedentes de un reino ajeno al tiempo. Primero una y luego muchas oleadas de malicia se abatieron con la fuerza de una riada sobre los bosques de obsidiana de los señores de los Argenta. Los clanes de Alarum, en las montañas del este, fueran los primeros en caer ante las negras hordas de los diablos, y la ciudad de Telorum se hundió bajo el peso de su embestida.

Los Centinelas nos alzamos para hacer frente a las bestias lanza en ristre, y la flota sagrada golpeó a los demonios con todo su poder, pero los oscuros portales por donde habían llegado dieron a luz a hordas aún mayores. Se trazó una línea de sangre con los caídos de ambos bandos, y así comenzaron las Guerras Impías mientras se cernía sobre nosotros el tiempo de la oscuridad.

Parte VI

A diferencia de otros enemigos del pasado, a los demonios que surgían del Reino Oscuro no podíamos contenerlos. Su armamento no estaba hecho de acero y máquinas, sino de la misma esencia de su ser. Era una magia oscura que no habíamos conocido en nuestras numerosas conquistas. ¿Acaso nos habíamos vuelto complacientes tras nuestras muchas victorias? ¿Habíamos dejado que nuestra hoja perdiese el filo mientras nos solazábamos en la gloria de nuestra imperial expansión? Estábamos perdidos y no sabíamos cómo luchar contra aquel enemigo. Los dioses Maykr también estaban perplejos y nuestros ingenieros y sacerdotes trabajaban sin descanso tratando de hallar algo que nos diera la ventaja que con tanta desesperación necesitábamos. Sin que el enemigo lo supiera, nos empujó hasta el borde mismo de la derrota mientras seguíamos tratando de encontrar la respuesta con nuestros dioses a nuestro lado

La Orden de los Deag fue la primera en revelar el misterio de aquellas criaturas viles. Los sacerdotes lograron capturar varias de ellas y comenzaron a investigarlas para descubrir de dónde sacaban el poder. Fue así como descubrimos la Esencia del Reino Oscuro. Aquel poder, no muy diferente al nuestro, era la esencia vital que fluía por sus cuerpos retorcidos y multiplicaba la fuerza de sus ataques. Si la utilizábamos para alimentar nuestras armas, los Argenta tendríamos la oportunidad de luchar contra los demonios en pie de igualdad. Los sacerdotes creían que un mayor conocimiento de la Esencia les permitiría descubrir su fuente y cortarles a los demonios el suministro para estrangular sus fuerzas y darnos la oportunidad de alcanzar la victoria en el campo de batalla.

La Khan Maykr otorgó su bendición a este empeño y ordenó a los sacerdotes que profundizaran en los misterios del elixir escarlata del reino demoníaco, que creía la clave para devolver el equilibrio a nuestro mundo. Teníamos que asimilarlo de alguna manera, pues el infierno estaba más allá de su influencia.

Haciendo enormes esfuerzos, los sacerdotes lograron descubrir mucho más de lo que jamás hubieran esperado. Revelaron la auténtica naturaleza del poder demoníaco y averiguaron cómo podían utilizarlo quienes sabían cómo hacerlo para aumentar su fuerza. La energía que corría por los cuerpos deformes de nuestros implacables enemigas se podía usar para destruir la vida o potenciarla. Tenía el poder de curar y reparar, de dar la inmortalidad y de proporcionar unos conocimientos y facultades que escapaban a nuestra entendimiento. Con la fuerza vital de los demonios en las hábiles manos de los sacerdotes Centinela, y bajo la mirada virtuosa de la Khan Maykr, nuestro pueblo no solo se alzaría con la victoria ante la impía horda que arañaba nuestros muros, sino que podría ascender a un plano superior de la existencia y abrir una nueva era de ciencia militar y curación industrial. Ningún Centinela volvería a enfermar y los Maykr no tendrían que sufrir la transfiguración que tanto temían: todas ascenderían. Nadie podría oponerse nunca a nuestra pacífica forma de vida ni volvería a amenazar nuestro mundo. Se alcanzaría un equilibrio verdadero con el infierno y sus legiones, más allá del espacio y el tiempo, en nuestra mundo y en todas los demás, según un orden dictado por nosotros. Unidos con los Maykr, conquistaríamos una paz eterna.

Parte VII

DE HistCentinelas P07

La Khan Maykr exigió un diezmo de Esencia y los sacerdotes, impelidos por su deseo, se sometieron a su voluntad. La Orden de los Deag se reunió con el rey y le habló de las tierras mancilladas que, con toda certeza, podían encontrarse al otro lado de aquella grieta en la creación y de la oportunidad de impedir que llegaran nuevos invasores a Argent D'Nur. Llevaríamos la guerra a su tierra maldita utilizando los mismos portales creados por su brujería.

Había uno entre nosotros que parecía conocer la auténtica naturaleza de los viles demonios. Era el extranjero, aquel desconocido que había llegado hasta nosotros desde lugares ignotos y había sobrevivido en primera línea de batalla mucho más que cualquier prisionero nacido Centinela hasta entonces. La pasión que sentía al batallar contra la malhadada horda era evidente y su sed de destrucción eclipsaba la nuestra, pero Argent D'Nur seguía siendo tierra extranjera para él. Su fervor llamó la atención de los inquisidores de la guardia de los Centinelas, algunos de los cuales comenzaron a susurrar que tenía una alianza secreta con los demonios. Pero el rey Novik hizo caso omiso a las habladurías pues creía que estaba capacitado para empresas mayores. Los Significantes reunieron una comisión ante nuestro monarca y se decidió que sacaríamos al extranjero de las filas de la chusma corriente.

Jamás prisionero alguno de la arena había recibido semejante honor, pero en esta ocasión, los Centinelas de la Noche rompieron la tradición, convencidos de que el forastero era digno de recibir su entrenamiento. Varios discípulos murmuraron y se burlaron del bárbaro que se sumaba a sus filas, pero en la guerra contra los demonios había que aprovechar todas las ventajas disponibles, por minúsculas que fueran, y al ver cómo luchaba el extranjero con los maestros de los salones, descubrieron en él a un igual implacable e invencible. Aquel hombre era un forastero, amigo de nadie, y sin embargo, cada vez que caía a tierra en el círculo, volvía a levantarse. Magullado y maltrecho, con el ceño manchado de sangre, se ponía en pie con torva determinación para volver a encontrarse en combate armado con sus adversarios.

Pasó el tiempo mientras el extranjero recibía las matrices codificadas de la Orden, las ancestrales lecciones de la batalla y la hermandad que se enseña a todos los Centinelas. Podía percibir cómo se acercaba su momento: pronto, todo el infierno volvería a sentir su furia.

Satisfechos al comprobar que no sería un lastre para su audacia, los Centinelas de la Noche le otorgaron su deseo al llevárselo consigo al otro lado de los portales del infierno. Allí no conocieron el descanso: lucharon entre los elementos antinaturales y siguieron entrenándose bajo la luna sangrienta de la noche. El extranjero padeció cansancio, heridas y enfermedad, pero jamás pidió ayuda, ni se le ofreció. Tres veces se aventuraron los Centinelas de la Noche al otro lado de los portales y otras tantas regresaron. Y cada una de ellas el extranjero volvía más capaz que antes, marchando al mismo compás que los Centinelas, dominado siempre por una sed de sangre disciplinada y ahora bajo su control. Can el paso de los años y la sucesión de las innumerables batallas contra los diablos, el extranjero llegó a contarse entre los guerreros más poderosos de los Argenta, quienes dejaron de mirarlo con desprecio como a un recluta de sangre indigna. Para ellos era ahora un camarada forjado en la guerra. Un aliado. Un arma.

Parte VIII

Mientras combatíamos contra las bestias, la sociedad de los Argenta crecía bajo la mirada vigilante de los Maykr y el inagotable poder de la Esencia. La Guerra Impía consumía a nuestros generales, pero nuestra cultura cambiaba bajo el influjo de la bella poción que nos había brindado el enemigo, aquel dulce elixir. No solo nos otorgó unas capacidades inconmensurables, sino que nos permitió adentrarnos en dimensiones que hasta entonces habían estada fuera de nuestro alcance. Bajo la dirección de los dioses Maykr y la inteligencia de nuestros sumos sacerdotes, nuestras armas escupían fuego y nuestras máquinas de guerra rugían.

Las multitudes bebían hasta hartarse del pozo de la energía abierto por los sacerdotes, pero nosotros, los Centinelas de la Noche, no participábamos de aquella abundancia. Entre nuestras filas, algunos susurraban acusaciones y advertencias contra aquella forma de progreso, pero sus voces eran silenciadas, pues no era tarea nuestra dictar el futuro del pueblo, sino solo defenderlo.

Parte IX

Con la Estrella Negra ascendiendo hasta su zenit el rey Novik ocupaba intranquilo el trono mientras se arremolinaba una oscuridad absoluta más allá de las elevaciones montañosas del este. La marea de la Lacra nos acometía en implacable furia desde el portal del infierno. El enemigo trajo consigo un terrible Titán, el Coloso, una bestia de tales dimensiones y tal fuerza que podría haber rivalizado con los ancestrales más poderosos. El grotesco gigante arrasaba todo lo que encontraba a su paso y aplastaba a todos cuantos se interponían en su camino. El infierno atacaba el corazón de Argent D'Nur con una fuerza nunca vista. ¿Cómo pudo atravesar el portal aquel gigante sin que nos enterásemos? Nunca lo sabríamos, pero muchos Centinelas de la Noche estaban convencidos de que fue cosa de traición.

Tomados por sorpresa, los Centinelas acudieron tarde a enfrentarse al Titán y su horda, que se abatieron sobre la ciudad sagrada de Exultia como heraldos del juicio. Con la embestida de los demonios congregados bajo la inmensa sombra del espantoso demonio, la ciudad se estremeció hasta los mismos cimientos. No se salvó nadie, salvo los que habían huido al norte. El vil enjambre arrasó nuestros palacios y templos, derribó nuestras torres y devoró las almas de nuestro clero.

Los Centinelas de la Noche reunieron sus fuerzas y trataron de resistir contra ellos, pero fueron repelidos y acorralados en la Arena de Sangre. Allí, tras la caída de la noche, sus armas mantuvieron su fuego y ellos las blandieron con abandono entre la muchedumbre enemiga. En medio de las filas de los Centinelas, cuando todos los demás aprendices habían caído ya, se encontraba aún el extranjero. "Destroza y desgarra", rugía con salvaje furia en medio de la batalla. Los demás reclutas de la arena observaban con reverente asombro a la misma bestia que había estado encerrada en sus celdas tiempo atrás, embutida ahora en una armadura de Centinela y luchando codo con codo junto con ellos. Había logrado alzarse hasta donde nadie había llegado antes, no solo como un guerrero Centinela de sangre pura, sino como el mejor entre ellos.

Pero mientras el enjambre sucumbía a su asalto, el Titán seguía invencible, pues no había nadie capaz de domar al coloso por sí solo.

En las horas previas al alba, mientras las Centinelas de la Noche soportaban el implacable asalto, el extranjero resistió al pie de la gran muralla del extremo norte del castillo. Al ver su inagotable vigor, Samur, canciller de la Madre Diosa, acudió a él amparado en las sombras, y, por razones desconocidas, lo sometió a un rito inefable. Era una herejía, pues Samur no había recibido permiso para ello de la Khan Maykr ni tampoco su consejo. En la Capilla de la Pureza, el extranjero se enfrentó a la Máquina de Divinidad. Allí, Samur Maykr, el serafín del que solo sabíamos que era el ayudante de la Madre Diosa, lo bendijo con una velocidad y un poder equiparables a su voluntad. Lo más extraño para nosotros fue el método utilizado para realizar la transfusión, pues teníamos entendido que la máquina que los Maykr habían regalado a los Argenta tantas generaciones atrás solo servía para que los sacerdotes pudieran encontrar la impureza entre nuestras filas. ¿Cómo era posible que la máquina destinada a purgar la estirpe de los Centinelas pudiera usarse para purificar el cuerpo del extranjero y convertirlo en aquel que nos lideraría en la batalla a partir de entonces?

Mas lo que surgió del sagrado ataúd aquel día aciago no era la impura abominación sobre la que nos habían prevenido; el héroe de su interior acabaría por ser conocido como el Gran Slayer, el caminante del tiempo, el Khan guerrero cuya espada flamígera abriría una senda para los justos y acometería contra la horda de los demonios con un poder de venganza que solo un rey dios podía convocar. Se alzó incólume a pesar del ritual, con la llama de la magia Maykr ardiendo en los ojos. Esgrimió el Crisol y el fuego de las apariciones envolvió la hoja, como solo podía hacer en manos de un auténtico rey guerrero de los Centinelas.

En la hora más tenebrosa, el Slayer había sido elegido. A despecho de la tradición, de nuestras más sagradas leyes y de la voluntad de la mismísima Khan, un extranjero había sido bendecido con un poder celestial.

Parte X

DE HistCentinelas P10

Con la llegada del Slayer, los Centinelas de la Noche avanzaron más que nunca en su ataque contra el corazón de la tierra de los demonios. Llevaron consigo poderosos Atlans, que se abrieron paso entre las hordas del infierna junto con el Slayer y su ejército. Los sumos sacerdotes, bajo la dirección de la Madre Diosa, habían encontrado la forma de acceder a las regiones más profundas del mundo de los demonios, y la presencia de los Deag permitía abrir nuevos portales.

Nuestras máquinas de guerra, creadas con tecnología Maykr y alimentadas por la misma Esencia que nuestros enemigos habían usado contra nosotros, eran invencibles, y con ellas fuimos adentrándonos más y más en el territorio empapado de sangre de los demonios. Alcanzamos incontables victorias gracias al poder del Slayer, pues, con el Interfector Alfa en vanguardia de nuestras fuerzas, el enemigo estaba perdido.

Pero, a pesar de que nuestro corazón era puro y nuestra meta, justa, sin que lo supieran los guerreros Argenta, tras nuestra paso y en secreto, la Madre Diosa había ordenado a sus sacerdotes que construyeran inmensas fábricas en tierra de los infieles para poder absorber la Esencia que alimentaba nuestra desarrollo. Cómo comenzó este engaño, no la sabíamos, pues solo teníamos ojos para las hordas del inframundo. ¿Cómo íbamos a concebir siquiera que nuestra Madre Diosa pudiera traicionar nuestra pacto?

La Khan Maykr no parecía contenta con el inesperado ascenso del Slayer, y en cuanto al serafín que había creado al destructor en secreto, no tardó en desaparecer de Urdak, quizá exiliado por su herejía.

Nuestras legiones camparon libres bajo la insaciable rabia del Slayer, y su designio hizo que la Khan Maykr hallara réditos con su aprobación. Pronto se supo que el Slayer era el dios-máquina de los Maykr, una reliquia sagrada renacida, encargada de llevar la palabra de los Maykr a los malvados y a aniquilar a todo aquel que buscara dañar a los que siguieran la senda de Urdak. Y mientras, el Slayer, sin darse cuenta, le abría paso a la Madre Diosa para que pudiera seguir absorbiendo la Esencia y la trasformara por medios que desconocíamos en el combustible que acabaría por conocerse como energía Argent.

Al Slayer le traía sin cuidado la política. Únicamente le interesaban las obras de nuestro pueblo, pero su meta era solo una: la destrucción de los demonios y de su mundo. Por razones desconocidas, ya no hablaba y, aunque se creía que conservaba la facultad de hacerlo, solo se comunicaba con explosiones guturales de rabia al infligir dolor a sus enemigos. Durante años marchó con los Centinelas de la Noche a través de las llamas de las tierras infernales, y cada vez que regresábamos a nuestro mundo, nos encontrábamos grandes cambios en Argent D'Nur. Si de algo se ha de culpar a los Centinelas, es de esto: que, en nuestro fervor, habíamos descuidado a nuestro pueblo y no nos percatamos del mal que crecía en el seno de nuestra imparable cruzada. Solo sabíamos que el enemigo estaba frente a nosotros, y las riquezas de Argenta, a nuestras espaldas, y no nos detuvimos a analizar el costo o los métodos de este avance.

Parte XI

Pera, mientras el Slayer y las Centinelas de la Noche batallaban contra las huestes demoníacas, su incapacidad de actuar fuera de los confines de su deber permitió que la codicia de la Esencia hiciera presa de los Argenta.

En el transcurso de una misión en las profundidades del hirviente mar del reino infernal, donde reside la Orden de los Seis, una compañía de Centinelas de la Noche supo de los tratos de la Khan Maykr con las maléficas bestias. Por voluntad suya, se había ocultado tanto a los Centinelas como al pueblo de Argenta el hecho de que la Esencia de la que habían llegado a depender durante la guerra estaba formada por los espíritus de los hermanos y hermanas que habíamos perdido combatiendo con las viles bestias. Se supo entonces que todos los que cayesen a manos de la horda infernal se convertirían en vasallos de las tierras infernales, y su carne, atrofiada y mutada, cobraría la misma forma de los demonios a los que combatíamos mientras se les extraía el alma para destilar la Esencia que da el poder a su mundo... y al nuestro. Las víctimas se convertían en el enemigo, y el enemigo, en nosotros.

Los soldados contemplaron con inefable asombro la base de una de las fábricas dedicadas a esta tarea, un lugar donde se clasificaban y procesaban los cuerpos, y donde eran torturados para que el molino les extrajese luego el alma usando su siniestra magia: tinas gigantescas de dolor y sufrimiento, energía etérea, los sonidos espantosos de las almas sumergidas en una eternidad de servicio y transformadas en la energía necesaria para alimentar nuestra guerra contra el Reino Oscuro y su malicia.

Pero peor aún que esta siniestra realidad fue el descubrimiento de la maquinaria utilizada para llevar cabo el vil proceso al que habían sido sometidas nuestros camaradas, pues su creación no era obra de los demonios, sino de la mano de los Argenta, guiada por el deseo de la Madre Diosa. Habíamos caído en manos del enemigo y la lucha que habíamos librado era una farsa, y lo peor era que no podíamos revelar aquello ante el puebla de los Argenta. Pero, aun así, el honor de los Centinelas de la Noche no nos permitía dar la espalda a la verdad, y la Madre Diosa no podía seguir siendo nuestra divinidad.

En pasillos secretos y cónclaves clandestinos, los Centinelas de la Noche buscaron a aquellos que desconfiaran como ellos de la Esencia y hubieran predicho la propagación de la corrupción. Al conocerse la verdad, los escépticos se sumaron a la insurrección de los Centinelas y la brecha que separaba ambas facciones de los Argenta comenzó a agrandarse.

Parte XII

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La verdad era innegable: las impías agujas levantadas en las Tierras Yermas funcionaban por mediación de la maquinaria Maykr. La Khan había traicionado a Argent D’Nur, y había hecho un pacto con los demonios para extraer su Esencia, a cambio de lo cual les daría acceso a todos los mundos bajo su influencia. Se había formado una relación simbiótica y un equilibrio entre la luz y la oscuridad, pues donde había un cielo, habría ahora también un infierno. A sus seguidores se les franquearía el paso a Urdak, y los pecadores caerían en los llameantes pozos del Reino Oscuro. Este orden de cosas se extendería a todos los mundos y todas las culturas. Y no podíamos eludir la culpa, pues era nuestra gente, los sacerdotes y los ingenieros Centinelas, los que lo habían hecho posible. Las siniestras fábricas eran obra de los esclavos Argenta y nuestra propia y ancestral energía, extraída de las Apariciones, se había utilizado para purificar el elixir infernal y convertirlo en el combustible milagroso que consumían tanto el mundo de los Maykr como el nuestro. Los Centinelas de la Noche hablaban del mal que había traído la Esencia a todos los que les escuchaban. Habíamos contribuido a crear esta nueva dicotomía y, por tanto, los Argenta también debíamos detener la propagación de esta pestilencia, esta nueva fase de la existencia, esta suma de luz y oscuridad. Si no por nosotros, al menos por los inocentes cuyos mundos tendrían que caer bajo el poder de la diosa Maykr y sus inesperados aliados en la dimensión infernal.

Pero incluso cuando los Centinelas de la Noche regresaron del reino demoníaco con historias sobre las fábricas de esclavos donde se condenaba a las almas de los inocentes, las masas adoctrinadas de Argent D*Nur se negaron a dar la espalda a los Maykr. Su dependencia de la Esencia de los demonios era tal que los ministros, tras deliberar, no encontraron razón para realizar cambio alguno. Los mensajeros fueran ajusticiados por haberse atrevido a hablar contra aquellos a los que tanto debíamos, nuestras dioses. Los Maykr, en su infinita sabiduría, se encargarían de que los fieles pudieran continuar su existencia en Urdak. Temían la cólera de la Madre Diosa; una vida entera de servidumbre no podía desbaratarse a causa de una insurrección. Aquello no era más que una prueba de fe que permitiría identificar a los que realmente eran dignos de alcanzar la vida eterna en Urdak. Los Argenta no titubearon en su celo.

Las Centinelas de la Noche se prepararon de nuevo para la guerra, pero esta vez lo harían para derramar la sangre de sus propios hermanos. Nuestros ejércitos habían presenciado con sus propios ojos las obras de los demonios y conocían su maldad. Habían vuelto a la senda de las Apariciones, y a pesar de que su armamento había perdido parte de su fuerza, al ser privado de la Esencia, la justicia y la rectitud estaban de nuestro lado. Se había abierto un cisma en las filas de los Argenta y un bando se alzaba contra la doctrina de los Maykr mientras el otro era prisionero de su fe. El Imperio Ascendido estaba formado por fieles y descarriados, y cantaba con las energías profanadas del infierna, el poder de las Maykr y los acechadores que se habían alineado con la Khan. Y por su parte, los Centinelas contaban con el pueblo libre de los Argenta y el más poderoso de los asesinos, el mismísimo Slayer.

Se elaboraran planes y tácticas. Las Centinelas destruirían las fábricas de energía Argent de Nekravol, que nutrían el mundo de Urdak con un río de Esencia fresca. Detendrían el caudal. Las Apariciones despertarían de su sueño para insuflar nuevo valor a Argent D'Nur.

Parte XIII

La guerra civil se prolongó durante años y años, causando estragos en los soldados, cuyas armaduras estaban manchadas con la sangre de sus hermanos caídos en un campo de batalla maldito. Finalmente surgió la ocasión de acabar con ella, una oportunidad descubierta por la Orden de los Deag y los Centinelas de la Noche. Con el Slayer a la cabeza, sus huestes se reunieron para atravesar los portales y caer sobre Nekravol, la ciudad de los muertos. La Orden de los Deag, los sumos sacerdotes que, mucho tiempo atrás, habían jurada lealtad a los Centinelas de la Noche, estaban al servicio de aquella misión. Aquellos sacerdotes que habían servido a los Argenta desde tiempos inmemoriales nos aseguraron que el camino estaba libre. Se trazó un plan para marchar contra las murallas malditas de Nekravol y destruir la fábrica, para cortar el flujo de Esencia hacia Urdak y negar a la Khan Maykr su mayor premio. Nuestras fuerzas empuñaron la lanza y marcharon... y fue entonces cuando actuó el veneno de la traición.

Al atravesar los portales del infierno, los Centinelas de la Noche se encontraron dispersos a los cuatro vientos y sumidos en un caos inesperado. Separados de pronto, nuestras filas se desintegraron mientras nos enviaban a todos los rincones del reino impío. Algunos de nuestros hermanos de armas se encontraron cerca de los portales por los que habían entrado, pero, al intentar usarlos para regresar, descubrieron que los traicioneros sacerdotes los habían cerrado. Y en ese momento saltó la trampa y cada uno de las Argenta, solo y separado de sus camaradas, se encontró frente a frente con una multitud de bestias demoníacas ávidas de sangre.

Pero ha de saberse que no fueron solo los sacerdotes los que traicionaron a los ejércitos del norte, sino también uno de los nuestros. El infierno había encontrado su debilidad y la aprovechó para propiciar la ruina de Argent D'Nur. De no haber sido por la locura del Traidor, el poder de las Apariciones seguiría siendo nuestro y la bandera de los Centinelas ondearía aún sobre Argent D'Nur.

Parte XIV

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Dispersos en el infierno, abandonados por sus sacerdotes y privados de refuerzos, los Centinelas demostraron su valía en la que sería su última batalla contra las fuerzas del mal. Enfrentados a una muerte cierta, los Centinelas desataron todo su poder, aplastaron a los demonios por centenares y abatieron Titanes. Cuando los Atlans se quedaron sin combustible, los Centinelas bajaron a tierra y allí hicieron frente a los enjambres. Todo el infierno conocía al Traidor, pues era evidente que los Maykr y los sacerdotes habían sembrado la semilla del engaño mucho antes de que los valientes guerreros atravesaran los portales. Lo que el infierno presenció aquel día fue el corazón palpitante del pueblo libre de Argent D’Nur, que no se encogía ante su propia muerte. Cayeron como habían vivida: espada y escudo en mano, Urdak era un lugar indigno para tales gigantes y su destino sería el de unos dioses guerreros, recordados para toda la eternidad.

A lord Sash, el valeroso portaestandarte, lo encontraron con la bandera clavada en la garganta de una gran bestia enemiga, rodeada por cadáveres de demonios. Roan el Poderoso, extinta ya la luz de sus ojos, había destripado a tantos que sus entrañas cubrían las rocas negras como enredaderas. Gor, implacable hasta el fin, había roto la hoja contra las espaldas de sus enemigos, y para cuando cayó, había matado otras dos docenas de ellos con las manos desnudas.

Los sacerdotes creían que todos los Centinelas habían muerto, pero somos Argenta, nacidos para vencer. Aunque la Orden de los Deag lo tachó de herético, corre el rumor de que el propio Slayer sigue vivo en el reino impío. Nadie que esté vivo puede saberlo, pues el futuro de Argent D'Nur ha sido retorcido y pervertido por la visión corrupta de los bebedores de Esencia. No volverá a iluminar nuestro mundo la luz carmesí de las Apariciones. Todo se ha perdido.

Si es cierto que el Slayer vive, que lleve adelante su venganza. Si persiste, que siembre el caos entre quienes nos ofendieron. Que la sangre de su espada nunca se seque, que no termine su guerra hasta que todas hayan recibido su castigo y que este mal no vuelva a proyectar su sombra sobre otro mundo.

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